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20060323

Tres sonetos de Juan Boscán D´Almogaver

Juan Boscán D´Almogaver fue uno de los pioneros del soneto, junto con Garcilaso, a quien conoció y de quien fue entrañable amigo. Dicen que nació en Barcelona en 1474, aunque algunos biógrafos insisten en que tal acontecimiento ocurrió en 1490.
Juan introdujo en España la forma poética del Renacimiento italiano, e indujo a Garcilaso de la Vega a cultivarla también. Al morir Garcilaso, que no había publicado nada en vida, Boscán hizo imprimir sus versos en 1542, junto con algunos propios.
Boscán murió en Barcelona el 21 de septiembre de 1542, a los 52 años según algunos, o a los 68 al decir de otros.
Ofrecemos hoy tres de sus sonetos, donde su majestad lírica es bien evidente.


Nunca de amor estuve tan contento
que en su loor mis versos ocupase,
ni a nadie consejé que se engañase
buscando en el amor contentamiento.


Esto siempre juzgó mi entendimiento:
que de este mal todo hombre se guardase,
y así, porque esta ley se conservase,
holgué de ser a todos escarmiento.

¡Oh! Vosotros que andáis tras mis escritos
gustando de leer tormentos tristes,
según que por amar son infinitos.

Mis versos son deciros: "¡Oh, benditos
los que de Dios tan gran merced hubistes
que, del poder de amor, fuédeses quitos".




El tiempo en toda cosa puede tanto,
que aún la fama por él inmortal muere;
no hay fuerza tal que el tiempo, si la hiere,
no le ponga señal de algún quebranto.


No es perpetuo el placer, ni lo es el llanto.
Si esto es así, ¿por qué mi dolor quiere
que mientras más en mí se envejeciere,
esté más firme en un tenor su canto?


Quien consolidar quisiese algún amigo,
después de habelle dicho otras razones,
que esperase en el tiempo le diría.

Perdióse este consuelo ya conmigo;
porque antes con el tiempo mis pasiones
se van acrecentando cada día.




Quien dice que la ausencia causa olvido
merece ser de todos olvidado.
El verdadero y firme enamorado
está, cuando está ausente, más perdido.

Aviva la memoria su sentido;
la soledad levanta su cuidado;
hallarse de su bien tan apartado
hace su desear más encendido.

No sanan las heridas en él dadas,
aunque cese el mirar que las causó,
si quedan en el alma confirmadas,

que si uno está con muchas cuchilladas,
porque huya de quien lo acuchilló
no por eso serán mejor curadas.