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20050830

La Ley de Kryder

Usted seguramente conoce la Ley de Moore, que dice que los microprocesadores debían duplicar su capacidad cada 18 meses. Bueno, ya es vieja, especialmente si la comparamos con los avances en la capacidad de almacenamiento de los nuevos discos rígidos. El que se ve en la foto tiene 10 gigabytes. ¿Increíble?
Bueno, no tanto. Pronto habrá discos más pequeños que ese, y tendrán ente 1 y 10 terabytes.
Porque obedecen a la nueva Ley de Kryder. En Axxón, como siempre. En un Zapping, como es obvio.
Sepa todo sobre los nuevos discos rígidos en un artículo fresquito, fresquito...

Daniel Rubén Mourelle


Daniel Rubén Mourelle
Nació en Buenos Aires en 1954.
Ganó el Primer Premio en el Certamen Nacional de Revistas Literarias Fondo Nacional de las Artes en 1988 por la revista Clepsidra, que dirigió y editó desde 1984 hasta 1992.
Elegante y esforzado poeta, obtuvo en 1989 la Faja de Honor de Poesía de la Sociedad Argentina de Escritores.
Ha publicado, entre otros libros, los poemarios Apología de la Subjetividad (1980), Apología de lo Otro (1981), El Pez y la Reunión de Diálogos Interrumpidos (1988), El Pez y Dzana, Soñando Juntos Sueños Distintos (1988), Chatarra - Teatrito imposible de representar (1991), El cuaderno-con-tapas-de-hule-negro (1994), Sporran (1998) y poemas publicados en la Antología del Empedrado (1999).
Desde su página madre, puede recorrerse su obra con mucho más detalle.
Los dos poemas que publicamos hoy pertenecen a su libro Sporran (Nostromo Editores).


Shannan: Ofrenda y confesión

De niño
me senté en el umbral

de aquella puerta
hasta conocer perfectamente
el lado que era mío
y el otro

Conseguí trasponerla
entre delicados balanceos
supe afinar

Hoy
mis memorias son
un manojo de puertas
hechas mosaico y telón
con maestría solitaria



El último desobediente

Conozco una ciudad
de sueños siempre

Inestables

Sus habitantes me tienen
por persona de cuidado y conservan
sus buenos tres o cuatro pasos

He decidido no volver

pero una voluntad ajena
quiere que despierte allí
al azar

Conozco una ciudad
de sueños apenas

desierta