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20050728

Desde la niebla

Martín Cagliani es argentino, estudiante de Historia y Antropología Arqueológica y divulgador científico. Posee, además, un excelente sitio web dedicado a variadas ramas del conocimiento y un boletín electrónico que incluye un suplemento literario.
Periodista y escritor, parece especializarse en el cuento breve, de desarrollo rápido y final contundente, que más de una vez evidencia interesantes vueltas de tuerca.
Desde la Niebla es, que sepamos, su primer relato publicado, y pertenece a esa indefinible categoría que oscila entre la ciencia ficción y la fantasía onírica.


Desde La Niebla
por Martín Cagliani


-¿Qué es eso? -preguntó Gork.
-¿Qué? -dijo Baruk.
-Eso. Allá en el horizonte.
-No lo veo.
-Pero ¿sos ciego? Ese punto negro cerca de La Niebla. Es como una piedra grande que flota sobre el Mar.
-Mmm, es una mancha.
-¿Cómo que una mancha? ¿Qué quiere decir eso?
-Ahora que lo veo mejor, creo que tenés razón. Y se está moviendo.
-¿Viste? ¿Qué será?
Gork y Baruk estaban en plena patrulla cuando encontraron un Punto Negro. Pasaron más de una hora vigilándolo antes de notar que habían descuidado sus tareas.
-No puede ser humano. Ninguna persona cuerda estaría sobre las aguas -dijo Baruk. Las personas de La Isla detestaban las aguas, y las temían.
-Ni de los Dórmidas. Ellos tampoco se acercan al agua -aclaró Gork.
-Es una piedra.
-Te dije que no puede ser una piedra. Se está moviendo, y las piedras no se mueven, menos que menos sobre las aguas.
-¿Y qué son los brillos que se ven a veces?
-Puede ser metal, como mi espada. También brilla al sol.
-Pero si es de metal, tiene que haber sido hecho por algún humano, o un Dórmida. Y ninguno de ellos haría algo para flotar en el agua. ¿Tu espada flota en el agua?
-¿Y si son los Magos que vuelven del exilio?
-Imposible, los Magos fueron desterrados de La Isla hace muchas generaciones, y los echaron al Mar sobre troncos de árbol, no sobre piedras.
-Tal vez los volvieron metálicos con su magia para así volver más seguros.
-No es descabellado. Perdimos mucho tiempo. Tendríamos que seguir patrullando, pero creo que es más importante vigilar el Punto Negro, y avisar del descubrimiento.
-La patrulla puede esperar. Mejor voy a comunicarle el descubrimiento al Gran Sabio. Si son los Magos… puede ser una catástrofe.
-Perfecto, andá a avisar que yo vigilo. No tardes.


-Tranquilo, que las lenguas apresuradas siempre se traban -dijo el Gran Sabio de Gurulad. -Contame qué es ese Punto Negro.
Baruk, muy nervioso, le contó todo lo visto y elucubrado por él y Gork. El Gran Sabio quedó pensativo unos minutos, mientras Baruk esperaba una respuesta, parado, muriéndose de angustia. Pero el Gran Sabio se limito a despacharlo con un gracias, advirtiéndole que estuviese atento por si lo necesitaba. Acto seguido, el Gran Sabio convocó al Consejo y a los Guerreros. La reunión duró varias horas. Se discutió sobre los Magos, si podían o no volver de Más Allá de la Niebla. Pero el Gran Sabio dijo que nunca persona alguna había vuelto de allí. Se contaron casos de apariciones, pero nunca pasaron de ser simples Puntos Negros en los límites de la Niebla.


Resolvieron enviar un grupo de cincuenta guerreros, acompañados de algunos Sabios para estudiar la situación. Baruk los guiaría.
El Gran Guerrero, Suni, despachó a los mensajeros en busca de los cincuenta mejores guerreros guruldines.

Gork no podía creerlo. Parecían ser personas las que andaban sobre la piedra. Ya estaba muy cerca esta piedra u objeto de metal. Se podía distinguir su forma alargada, no mucho más alta que un hombre con su espada en alto. Y si ésos que andaban por encima y por dentro de la piedra eran hombres, no quedaba explicación posible: eran los Magos, que estaban de vuelta. Y seguro que con ánimos de venganza.

Suni, el Gran Guerrero, pensó que sería mejor quedarse alejados de la costa. Primero irían él, Baruk y los dos Sabios que los acompañaban. Unos cien metros antes de La Colina que rodea la Isla, dejó a los guerreros al mando de Torgon, y partió con los tres elegidos en busca de Gork.
Cuando Gork los vio llegar desesperaba por contarles todo lo ocurrido. Los Sabios lo ignoraron y se pusieron a estudiar el supuesto Punto Negro, que a simple vista, ya no lo era. Pero Suni y Baruk calmaron a Gork y lo escucharon. Oyeron su descripción paso a paso, cómo la Piedra había ido acercándose a la costa, y cómo había personas arriba y adentro de la Piedra. Gork había contado veintidós diferentes personas, pero estaba seguro que había más dentro de la Piedra. Ya estaban en la playa.
-¿Cómo es que los dejaste llegar a la Isla? -preguntó uno de los Sabios.
Gork sintiéndose insultado sólo atinó a decir:
-Si me hubiesen dado un arco como pedí para mis patrullas, los podría haber mantenido a raya. Pero sin arco no podía hacer nada, son muchos más que yo.
-A callar -Dijo el otro Sabio-. Es claro que no son los Magos. No sé qué puedan ser, pero no los quiero en nuestra Isla. Tenemos que organizar una partida de aniquilamiento enseguida. Suni, ¿te parece que los Guerreros podrán contra los extraños?
-Hay algo que deben saber -interrumpió Gork-. No serán los Magos pero tienen unos objetos de mano que disparan piedras. Parece magia. Poco antes que ustedes llegasen, estaban haciendo puntería ahí en la playa.
-¿Qué tipo de arma es ésa? -preguntó el primer Sabio.
-No lo sé, parecen de metal y hacen mucho ruido cuando pega -dijo Gork-. No sé para qué es el ruido, porque no parece más dañino que una flecha. Eso sí, arroja la piedra con muchísima velocidad, y muchas a la vez. Y los que disparaban…
-¿Cómo? ¿Tienen más de una?
-Sí, por lo menos ví a dos.
-Esto cambia el panorama. Suni, hay que conseguir más guerreros. ¿No te parece? -dijo uno de los Sabios.
-No subestime a mis hombres -espetó Suni-. Si podemos con doscientos Dórmidas, seguramente venceremos a más de cincuenta de estos hombres. Parecen debiluchos. Y si sólo tienen dos de esas armas, no es problema. Cada uno de mis guerreros tiene un arco. Los podemos emboscar. Les ofrecemos una carnada como para que vengan hasta el cauce de este arroyo, y los llenamos de flechas.
-A mí me parece demasiado simplista, pero si creés que podés lograrlo con cincuenta guerreros, manos a la obra- dijo el Sabio.

El "honor" de ser la Carnada lo recibieron Gork y Baruk. Los sabios enfilaron, junto con el guerrero Torgon, hacia Gurulad para contar las nuevas noticias. Al mismo tiempo tratarían de reclutar algunos refuerzos, por si la emboscada no salía bien.
Los guerreros se dividieron en dos filas que flanqueaban el cauce del arroyo Oscuro. El curso rocoso atravesaba al Pequeño Bosque. Los árboles llegaban hasta el límite del arroyo, juntándose las copas de éstos en lo alto, de ahí el nombre del arroyo. El Pequeño Bosque también llegaba hasta el borde de La Colina, que rodeaba La Isla.
Los Guerreros eran especialistas en el camuflaje, era imposible verlos incluso a escasos pasos de distancia. Dominaban esta técnica desde hacía muchas generaciones, fogueados por las constantes luchas contra los Dórmidas.
Luego de estudiar a los que venían de La Niebla, concluyeron que en la costa eran veintiséis. En la Piedra no parecía haber nadie. Según habían observado todos habían bajado a tierra en un objeto metálico menor. Estaban montando un campamento en la playa.
Gork y Baruk partieron al encuentro. Fueron caminando por el arroyo seco sin sus espadas, ni escudos. Al llegar a la playa se quedaron inmóviles, los extraños se quedaron mirando a sus inesperados visitantes. Estos seres de Mas Allá de la Niebla parecían perfectamente humanos, sólo que con ropas raras. Enseguida uno de los extraños se acercó con una mano en alto pronunciando una serie de sonidos que no parecían pertenecer a una lengua humana. Parecía sólo un balbuceo. Gork y Baruk se miraron, casi se rieron, pero sólo imitaron el gesto del extraño y le sonrieron. Enseguida hicieron ademanes para que los siguieran, y comenzaron a subir por el arroyo. Primero los siguió el de los sonidos raros, luego, de a poco se fueron plegando todos, no sin antes mediar varias señas de Gork y Baruk.
Poco antes de llegar al punto convenido para la emboscada, Gork y Baruk comenzaron a correr. Los extraños se quedaron quietos sin saber que hacer. Parecía que se comunicaban entre sí. Eran muy raros: no tenían pelo en la cara, como si fueran mujeres, aunque parecían ser todos hombres, y sus ropas eran de colores brillantes y variados.
Al parecer no muy decididos, comenzaron a seguir a los dos guruldines. Y cuando al fin estaban en el lugar indicado, los Guerreros comenzaron su canción ritual. Junto con el canto una lluvia de flechas cayó sobre los extraños. Pocos segundos duró la masacre; todos cayeron abatidos. Los Guerreros, con Suni a la cabeza, se lanzaron al ataque espadas en mano y los decapitaron a todos, sólo por si eran Magos. Más de uno buscó algún tesoro o pertenencia de valor entre los cuerpos sin vida.

-Buen día, señor -dijo el teniente de fragata.
-Buen día -contestó el capitán de navío-. ¿Qué se sabe de los científicos ingleses perdidos?
-Nada todavía, señor. Ya van dos semanas desde que partieron a investigar esa extraña niebla aparecida junto a las costas de Mar del Plata. La niebla desapareció, luego de ocho meses, pero no aparecieron ni ellos, ni su embarcación.
-¿Y qué me dice de ese charlatán que anda diciendo por televisión que esta niebla ya había aparecido en otras costas del mundo?
-Nada, señor. No hay que hacerle caso. El de la niebla es un caso típico en la mitología de los pueblos costeros. Piensan que la niebla se traga a la gente, pero son sólo leyendas.
-Manténgame al tanto.
-Sí señor. Que tenga un buen día.
15 de noviembre de 2001