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20050608

León Ferrari, la Iglesia, la Carrió

El Artista plástico (malo, pero ese no es el tema) León Ferrari publicó el 21 de diciembre de 2004 el siguiente escrito en la revista El Surmenage de la Muerta:



Carrió y el Diablo
por León Ferrari

La señora Carrió, en el programa de Mariano Grondona, antenoche, se pronunció contra la muestra retrospectiva, clausurada a instancias de la Iglesia, porque, según ella, ataca a los católicos, porque se hace en una sala del Gobierno, en "tiempo de adviento", y porque está cerca de la Iglesia del Pilar donde ella escucha misa. Dijo que es una "imbecilidad" que el gobierno la haya permitido y expuesto.
En la Iglesia del Pilar, como en muchas iglesias en todo el mundo, se repite y predica la campaña de la Iglesia en contra de los anticonceptivos, es decir, se promueve la muerte de víctimas del sida y de abortos clandestinos. Carrió, ¿usted acepta que en el Pilar se apoye esa nueva forma cristiana de matar gente, pero cree que es una imbecilidad que el gobierno permita una muestra donde se expone una foto del Papa sobre un frasco con preservativos? ¿Es necesario que le explique que el significado de ese frasco es sólo una condena a aquella campaña?



Una de las infantiles obras de la discordia



En el Pilar, y en tantas iglesias, se leen en Pascua (como lo indica la edición del 2004 del Calendario Litúrgico editado por la Conferencia Episcopal Argentina) los cinco versículos de Hechos en los que Pedro repite la acusación de que los judíos mataron a Jesús. Carrió, ¿usted no cuestiona que en el Pilar se siga haciendo antisemitismo, pero no admite que el gobierno de la Ciudad me permita hacer una muestra que ataca ese racismo, porque está cerca del Pilar donde se hace racismo?
En todas las iglesias y en el Pilar se reitera la amenaza del castigo en el más allá a los llamados pecadores, castigo que, si bien la Iglesia atenuó (ya no es el fuego que anunció Jesús, pintó Miguel Angel y describió la Virgen de Fátima, ahora es "sólo" un sufrimiento mental), la actualiza el Catecismo de la Iglesia Católica -editado por la Conferencia Episcopal que preside el cardenal Bergoglio y prologado por el papa Juan Pablo II-, donde se afirma que las almas de los que mueren en pecado mortal son castigadas en el infierno y que, una vez resucitados, los cuerpos son torturados en carne y hueso en la eternidad. Diputada, ¿usted cree conmigo que esto significa que hay una multitud de almas que en este momento están siendo castigadas? ¿No cree que sería más pertinente que usted se ocupe de esa pobre gente, en lugar de tratar de impedir que el gobierno de la Ciudad respete la libertad de opinión permitiéndome exponer mis críticas a la tortura, esa arma principal usada por la Iglesia durante dos milenios para evangelizar a nuestro prójimo?
Los cambios de opinión pueden hacerse en varios niveles, el académico, el coloquial, y el que usted usa, que puede llamarse de la "imbecilidad". Carrió: si yo me comunicara con usted en su lenguaje de la "imbecilidad", ¿qué adjetivo le parece que podría usar para calificar su singular idea de que los pintores no podemos exponer nuestras obras en una sala pública si no son antes revisadas o aprobadas en alguna forma que no explicó? En otras palabras, ¿cuál es la palabra al nivel de "imbecilidad" que puede describir sus ideas sobre el arte y la libertad de expresión?

Sin entrar a analizar la poca o mucha (me parece más adecuada la primera opción) razón que asiste al artista en esta discusión, independientemente de ello, me pregunto quién es esa funcionaria que se queja.
La señora (tan "ultracatólica" ella que se ha divorciado dos veces) Elisa Carrió, de físico tan rotundo como progresistas sus ideas (¿puede ser progresista un militante de la reacción católica?) es la misma que fue nombrada el 7 de febrero de 1978, a los 21 años de edad, asesora de la Fiscalía de Estado de la Provincia del Chaco. Su nombramiento está firmado por el General de Brigada Antonio Serrano, entonces interventor militar (gobernador de facto) de la Provincia del Chaco durante la dictadura militar.
La señora Carrió es la misma que fue ascendida en una promoción relámpago a Secretaria de la Procuración (fiscalía) de la misma provincia. La señora Carrió, es, en consecuencia, ex funcionaria de la dictadura de Videla.
Y la pregunta se convierte en obvia: ¿con qué derecho habla de lo que se puede o no hacer? ¿Qué derechos cree tener una funcionaria de la más salvaje dictadura militar que vivió nuestro país a decidir la censura previa sobre las obras de arte? ¿Quién le otorgó a una funcionaria del gobierno de los grupos de tareas, detentadora de un alto cargo judicial a sueldo de Galtieri, corresponsable en consecuencia de la represión, los desaparecidos, la catastrófica Guerra de Malvinas y tutti quanti, el derecho de hablar? ¿Desea instaurar una nueva dictadura? ¿Quisiera que el tiempo volviese atrás (al 24 de marzo de 1976, para ser precisos)?
No. Señora Carrió: haga el favor de no hablar más. Trate de limpiar sus penosos antecedentes primero, y luego, tal vez, esta paciente sociedad le otorgue la posibilidad de participar de ella una vez más.
Y usted, León Ferrari, que es medio loco en el buen sentido y medio artista en el malo, tampoco se preocupe por lo que le dice la esférica ex diputada. Al fin y al cabo, le habrán enseñado como a mí que las cosas hay que tomarlas como de quien vienen.