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20050401

Un breve suelto sobre nosotros en Axxón

El periodista Joe Garrafex publica hoy en Axxón la noticia de que nuestro libro "El Manuscrito Voynich" ha llegado a su segunda edición.
Vale la pena -más allá de ello- leer toda la revista, que está cada día más interesante.

Los priones: nuevos y espantosos asesinos

El Mal de la Vaca Loca no está provocada por un virus, como muchos creen, sino por un prión, un nuevo agente infeccioso recién descubierto que causa cinco enfermedades mortales en el ser humano y otros animales. Es una simple molécula de proteína sin ADN alguno, normal en el organismo que, rotada y deformada, provoca la muerte. Como es propia, no se observa reacción inmunológica alguna ni lucha del organismo contra ella.
Escribí sobre ello en Axxón. Ojalá les guste mi artículo.

Sitio oficial del Manuscrito

Si desean hacerlo, este fin de semana pueden visitar el sitio oficial de mi libro "El Manuscrito Voynich". Allí encontrarán todo tipo de información y artículos que pueden interesarles, acerca del más grande enigma literario de la historia de la Humanidad.

¡Último momento: murió el Papa!

Juan Pablo II dejó de existir hoy, y ya la Iglesia Católica se debate en la lucha por el poder que suele signar la elección de un sucesor.
Si bien este Papa no fue el peor que sufrieron los católicos, sí fue claramente antiargentino: no olvidemos que bajo su pontificado la Iglesia entregó a los chilenos nuestras islas Picton, Lennox y Nueva, consumando de este modo otro descarado despojo territorial... Pero esta vez, claro, bajo la advocación de la religión más poderosa del mundo.
Esperemos que el que venga sea mejor.

Artículo sobre "El Manuscrito Voynich" en Insomnia

Para los que no la conocen, Insomnia es la mejor revista del mundo dedicada a la vida y la obra del Maestro de Bangor, Stephen King.
En esta prestigiosa publicación ha sido puesto en línea un informe sobre el libro y un artículo de mi autoría sobre el misterioso manuscrito.
Independientemente de ello, les sugiero que lean el resto de la revista, porque goza de un estándar de calidad y excelencia sencillamente inigualable.

Malvinas

En el pueblo de Darwin, en las Malvinas, hay un cementerio poblado de cruces blancas. La mayoría de ellas ostentan sólo un texto: "Soldado argentino desconocido".

Se cumple hoy un nuevo aniversario de la recuperación por la Argentina de nuestras Islas Malvinas, usurpadas por los británicos en el siglo XIX.
Los jóvenes argentinos que combatieron y murieron en aquel conflicto merecen nuestro recuerdo y reconocimiento, porque ya se sabe que los que vuelven de la guerra no son reconocidos ni siquiera cuando ganan, ni que hablar de los que han sido derrotados.
Toda guerra es horrorosa, más allá de los argumentos que se defiendan para justificarla. Es cierto.
Pero en este caso en particular, cuando un trozo del territorio nacional estaba –y aún sigue estando- en manos de extranjeros, se utilizó la defensa de la soberanía como soporte especialmente adecuado de una guerra que no se podía ganar –que no se ganó-, contra una de las potencias militares más grandes de la Tierra y en condiciones de inferioridad estratégica, táctica, meteorológica y tecnológica.
Las únicas superioridades de que gozaban las tropas argentinas era la numérica y la enorme, inconmensurable grandeza espiritual de nuestros soldados, que ofrecieron sus vidas y su salud en aras del cumplimiento del deber, luchando sin esperanza –y ellos lo sabían- esa guerra que no se podía ganar –y ellos lo sabían- contra un enemigo al que no se podía vencer –y ellos lucharon y murieron sabiendo eso también-.
El enemigo sufrió, es cierto, pero no tanto como los nuestros. Si bien murieron muchos de ellos, su moral, su abrigo, su alimento y su equipamiento fueron, durante todo el conflicto, muy superiores a los de nuestros compatriotas.
A pesar de todo, los soldados argentinos lucharon como hombres, con coraje y ferocidad, inclusive cuando todo estaba ya perdido. Inclusive la superioridad numérica.
Y aquí quiero detenerme un instante, para reflexionar en esto. La superioridad numérica lograda al principio de la guerra implicó llevar al frente a enormes cantidades de soldados argentinos de 19 años, conscriptos reclutados, con escasos suministros y poco o nulo entrenamiento.
Lo irónico del caso es que aquí se consideró a la soberanía como una mera cuestión territorial (recuperar las islas usurpadas) y se olvidó, precisamente, el sentido del concepto: soberanía es, entre otras cosas, conservar el patrimonio para el aprovechamiento de las jóvenes generaciones: el futuro, casualmente... los combatientes.
La soberanía es más, mucho más que ese concepto de control territorial, tan limitado y limitante. La soberanía no se limita a recuperar un trozo de terreno y a plantar en él una bandera.
Soberanía es poblar una región, convertirla en productiva, garantizar en ella la paz, la justicia, la educación, la salud, el orden, la tranquilidad, el trabajo, el derecho y la vigencia de las leyes.
Soberanía es preservar, precisamente, la vida de los jóvenes –es decir, el futuro-, y procurar, si es posible, la resolución de los conflictos por medio de la negociación diplomática.
Es por ello que el conflicto de Malvinas, a cuyos héroes y mártires recordamos hoy, constituye un toque de atención para reflexionar sobre el verdadero sentido de de algunas palabras que se sostienen como estandartes y que muchas veces significan conceptos diametralmente opuestos a los que se les atribuyen. Patria, nacionalidad, soberanía, cultura, nación y estado son algunas de las que pertenecen a esta categoría.
Independientemente de ello, hoy, a 23 años de la trágica gesta que se llevó las vidas de tantos adolescentes argentinos, vaya nuestro emocionado recuerdo y sentido homenaje a aquellos héroes que, entre la niebla, el frío y la desesperación de la derrota inevitable, no vacilaron en luchar y no dudaron en morir para defender aquella tierra que, al menos por algo más de un mes, volvió a formar parte de la patria.