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20050309

San-ryu-scha

DIVULGACIÓN: No se enteraron de que la guerra había terminado

SAN-RYU-SCHA
por Marcelo Dos Santos (especial para Axxón) www.mcds.com.ar


Segunda Guerra Mundial.
Los japoneses avanzaron por el Pacífico como un viento: en sólo cinco meses, entre el 7 de diciembre de 1941 y el 7 de mayo de 1942, capturaron todo el sudeste asiático, las Indias Orientales, la Melanesia, parte de Filipinas y las islas de Wake, Guam y Singapur.
La isla de Guam, en el Pacífico, es el escenario de una de las historias más increíbles de la lucha humana por la supervivencia.
Parte del archipiélago de las Marianas, Guam es pequeña y selvática: mide apenas 51 kilómetros de largo por 16 en la parte más ancha y 8 en la parte más angosta. Su superficie total es de 522 km2, apenas dos veces y media la de la Ciudad de Buenos Aires.
El bosque tropical del interior de Guam es tan salvaje y tupido, completamente virgen, que incluso hoy en día los guameses pueden perderse en él. El clima de la isla es tropical templado: la temperatura de la isla rara vez baja de los 32°C y su extremo inferior es de 22. Como todo lugar tropical, Guam no tiene estaciones propiamente dichas, sino tan sólo una temporada seca y otra lluviosa. En Guam es verano todo el año.
Los marines norteamericanos tomaron la isla de Guam el 21 de julio de 1944. La devastación fue enorme y los japoneses perdieron en aquella batalla a la mayoría de sus soldados, totalizando más de 22.000 muertos. Pero no todos habían muerto. Ateniéndose al bushido (el código guerrero japonés), un grupo de aproximadamente 100 combatientes nipones tomaron la determinación de huir a la selva para escapar al deshonor de ser hechos prisioneros, o incluso para intentar seguir luchando por cuenta propia. Preferían la muerte antes que la derrota y sus cuerpos y sus mentes, sometidos a una rígida disciplina y a inimaginables privaciones en los tres años y medio que llevaban allí, los convertía en seres duros, poco compasivos y completamente decididos a sobrevivir.

Dos de ellos, los cabos Masashi Ito y Bunzo Minagawa, son los protagonistas de nuestra historia.
Ambos se parecían mucho: tenían 24 años, eran simples hijos de labriegos y prácticamente analfabetos. Pero la férrea determinación, la inteligencia y el sentido del honor de su raza los convirtieron en una especie de superhombres cuya resistencia resulta difícil de creer. A pesar de que ambos habían crecido en el campo, no habían recibido ningún entrenamiento específico en supervivencia.
Durante los primeros meses en la jungla, Minagawa e Ito no estuvieron juntos más que unos pocos días: se separaban una y otra vez para vivir con distintos grupos de fugitivos. Sin embargo, estos otros hombres eran, a juicio de nuestros héroes, demasiado descuidados. Hacían fuego en cualquier parte, eran ruidosos y los ponían permanentemente en riesgo de ser capturados.
Finalmente, Ito y Minagawa se reunieron de nuevo y decidieron vivir juntos, separados del resto de sus compañeros, todo el tiempo que fuese necesario.
Sentados en silencio, en un claro de la selva, hicieron inventario de sus posesiones. Ambos tenían sus katanas (sus sables japoneses de combate) y sus gorras de reglamento. Minagawa era más afortunado que su compañero: él había logrado conservar, además, un pequeño espejo y su par de guantes. Con estos tristes elementos, Ito y Minagawa se decidieron a emprender un extraordinario combate contra la naturaleza.

EL ARTÍCULO COMPLETO, EN http://www.axxon.com.ar/rev/148/c-148Divulgacion.htm.