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20050824

Editorial de abril de 2002

Este editorial de mi autoría fue publicado en mi revista literaria "La Nueva Literatura Argentina" el 26 de abril de 2002.
No sé si tendrá algún valor histórico, pero creo que vale la pena reproducirlo hoy para evaluar si algo cambió o no en la Argentina.


Número sin bandera

Si observan los anteriores ejemplares, verán que siempre terminábamos cada número con la bandera argentina y un comentario sobre su lucha social. A partir de este número, bandera y texto no se publican más.
¿Por qué? Simplemente porque la Argentina de este momento no aparenta tener a su pueblo luchando por sus derechos. El combate social que descabezó al gobierno De la Rúa-Cavallo, con sus cacerolazos, sus piquetes y su irrenunciable reclamo de elecciones libres, justicia social y equitativo reparto de la riqueza parece haber terminado.
Hoy, solo un sector social -las víctimas de la confiscación de depósitos bancarios, conocida en Argentina bajo el eufemístico nombre de "corralito"- persiste en su lucha. Tienen todo el derecho del mundo, por supuesto, pero el resto de la gente no los acompaña, no se moviliza, los ha dejado solos.
El reclamo de pan, paz y trabajo, que debiera ser el eje central de la reforma profunda y abarcadora que merece la Argentina, junto con la reestructuración mayor de la política y el reemplazo de una dirigencia incompetente y antigua, ha dejado paso a un reclamo sectorial (justificado, pero tan sólo sectorial) y de índole estrictamente económica.
Por eso la leyenda "Pueblo en lucha" ya no aparece en nuestras páginas. Seguiremos apoyando los derechos de los ahorristas confiscados, pero, para alegría del gobierno argentino y de sus aparentes sostenedores foráneos, la gente ya no está en la calle para exigir "que se vayan todos" y "elecciones ya". Solo están los ahorristas. Qué pena.
Hace un tiempo, alguien aseguró que la Argentina había perdido toda iniciativa de cambio. "En una revolución, los que están a la cabeza del reclamo social deben ser los obreros y los estudiantes. En la Argentina, sólo los jubilados reclaman lo que les corresponde. Es un mal síntoma y un peor pronóstico para un país que requiere un cambio".
En aquel momento, el aserto era verdad. Hoy, sólo los que han sufrido el robo de sus ahorros manifiestan en la calle. Salvo ellos, nadie reclama el cambio que hace falta.
El país está paralizado. Los bancos están cerrados desde hace tres días (con la consecuencia obvia: los asalariados no pueden cobrar sus sueldos, no se paga a los jubilados sus haberes), los cajeros automáticos no tienen efectivo, no hay dinero en la calle, el equipo económico no está en su puesto y el presidente busca desesperadamente una salida mágica a la crisis.
Nadie intenta obligar al gobierno a revertir la situación. Nadie protesta. El cacerolazo aparenta haber concluido, con pena pero sin gloria.
Eso no es un pueblo en lucha. Estamos seguros de que el pueblo argentino, al menos hoy, no es un pueblo en lucha.
Por eso la banderita ya no está. Quiera Dios iluminarnos para que podamos volver a colocarla.

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