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20050719

Dos poemas de Lugones

De uno de los más grandes poetas argentinos:


A ti única
Leopoldo Lugones

Un poco de cielo y un poco de lago
donde pesca estrellas el grácil bambú,
y al fondo del parque, con íntimo halago,
la noche que mira como miras tú.

Florece en los lirios de tu poesía,
la cándida luna que sale del mar.
Y en flébil delirio de azul melodía,
te infunde una vaga congoja de amar.

Los dulces suspiros que tu alma perfuman,
te dan, como a ella, celeste ascensión.
La noche...tus ojos...un poco de Schumann...
y mis manos llenas de tu corazón.


Historia de mi muerte
Leopoldo Lugones

Soñé la muerte y era muy sencillo:
Una hebra de seda me envolvía,
y a cada beso tuyo
con una vuelta menos me ceñía.
Y cada beso tuyo
era un día.
Y el tiempo que mediaba entre dos besos
una noche. La muerte es muy sencilla.

Y poco a poco fue desenvolviéndose
la hebra fatal. Ya no la retenía
sino por un sólo cabo entre los dedos...
Cuando de pronto te pusiste fría,
y ya no me besaste...
Y solté el cabo, y se me fue la vida.

Nacido en 1874 en Córdoba, Leopoldo Lugones representa el último grado de refinamiento y perfección formal de la poesía argentina. Fue admirado por escritores como Borges y Quiroga, a pesar de sus muchas veces equivocadas (y a veces incluso despreciables) opiniones políticas y sociales.
Sus variados talentos eran, a veces, sorprendentes. Llenó miles de cuartillas con su oratoria brillante, escribió literalmente cientos de poesías y aún encontró tiempo para investigar la cosmología de nuestro universo con avanzados conceptos físicos en El Tamaño del Espacio (1921).
Cuando se enteró de que su entrañable amigo, el escritor uruguayo Horacio Quiroga, se había pegado un tiro, manifestó: "Qué dolor tan grande me produce que un hombre como Quiroga se haya suicidado como una sirvienta", en referencia a la moda de entonces, cuando era común que las domésticas se quitaran la vida por desengaños amorosos.
Menos de dos años después de aquella muerte, en 1938, el mismo Lugones se quitó la vida, tomando whisky mezclado con cianuro, en una habitación del Recreo "El Tropezón", en una isla del Delta. Su motivo fue, irónicamente, un desengaño amoroso.
Acabamos de ofrecer dos poesías que el poeta dedicó a la causante de su desgracia, uno de los cuales muestra claramente su decisión suicida.
Marcelo Dos Santos

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