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20050718

¡Caraxo!

Juan Benzo es uruguayo, pero vive en la Patagonia argentina. Sabroso humorista y narrador vigoroso y despojado, nos ha regalado este relato que presetamos hoy a todos nuestros amigos.


El amor se gasta como un lápiz o como una goma. Escribe lo que espera y después lo borra una y otra vez hasta que ya no puede proponer nada y no puede borrar lo ultimo que escribió.



¡Caraxo!
por Juan Benzo

Ella le tomó las manos porque ya no quería que le siguiera acariciando los pechos, y le empujó la cara porque ya no quería que los besara, así la molestaba y la distraía.
Apretó los labios y segura de lo que quería y de como lo quería lo hizo rodar y se puso encima. Lo miró a los ojos con los ojos enormes y verdes y con los ojos abiertos muy abiertos y las manos muy apretadas empezó a mecerse como ella quería, así, le dijo, una sola vez. Tú quédate quieto, esto es de hacer despacio. Y se acarició el sexo con el sexo de él, justo ahí donde más la excitaba, ese punto exacto y esquivo.
Se fue relajando a medida que lograba ese placer que buscaba y ahora le llevó las manos a la parte alta de su talle.
Ahí, le dijo, una sola vez. La sensación de sus propios bordes endureciéndose y estremeciéndola la fue llevando a cerrar los ojos primero y lentamente a abrazarlo y a apretar su cara contra su cuello. Acariciame, usa esas manos como un hombre... Así, le dijo una sola vez.
Caraxo miraba la escena sin inmutarse, con sus ojos verdes y sus pupilas verticales y ella que lo había visto antes de cerrar los ojos verdes tuvo su orgasmo pensando que debería dejar al gato afuera la próxima vez...
Estas no eran cosas de hacer delante de un gato, pero el gato la había visto y eso la convenció que no estaba bien.
El chico este ahora la abrazaba y ella descansaba en él, en el pecho que había acariciado con los labios, pero desde que Caraxo la vio y los vio tan solo era eso, el pecho de un chico, como tantos torsos que desnudos se muestran en las playas. Lo acarició de nuevo y esta vez fue una caricia rápida, no detenida y esta vez sin descubrir ni encontrar nada. Recordó que al encontrarse con él buscaba fortaleza y no dejaba de asombrarse de encontrar una suavidad inesperada, algo tierno que aparecía con gestos de un niño que hacía que a veces se comportaran como si lo fueran, algo que la hacía sorprenderse de ella misma.
Este chico antes le estremecía con tan solo un beso, que convocaba a otros besos y a todo el amor y ahora su mano había recorrido el pecho húmedo y no había sentido nada.
Se dio vuelta y se cubrió hasta los hombros con la sábana, esperando que él no la buscara.
Se acababa de descubrir desnuda como Eva, sola en su caja de cristal. Se apiadó de la serpiente y envolviéndose fue a buscar su comida, un ratón de campo que esperaba sin rechistar en una caja de cartón ese momento ignorando que era ese último momento.
Escuchó las protestas a sus espaldas: "no vas a hacer eso justo ahora" El chico asumía la defensa del ratón y ella lo percibió como un ratón haciendo causa común con otro...
Ella calló y giró con la caja en la mano para mirarlo, él hablaba pero ella mantenía la caja en la mano y estaba atenta al rumor que hacía el animalito a punto de ser liberado.
Caraxo estaba de nuevo allí, sabía que sucedería y como si el ratón no tuviera suficiente, allá estaba vigilando el gato gris y peludo esperando que intentara escapar de la serpiente para a su vez probar suerte con sus artes de cazador.
"Eva tiene hambre" Dijo la chica y el chico sin palabras aceptó lo decidido. "Vístete" dijo ella y dejó caer al ratón en la caja de cristal indiferente al discursito a sus espaldas. "Vístete" repitió ella mirando al ratón acorralado en un rincón intentando trepar los cristales verticales de la caja bajo la atenta mirada de la serpiente, y de la del gato, que había apoyado su pata en el cristal, y la de la dueña que vigilaba todo. "Anda, vístete" terminó ella mientras la serpiente disparándose terminaba con el breve show, las esperanzas del ratón y las ilusiones del gato.
Él la abraza y ella se deja abrazar solo para confirmar que ya no siente nada dentro de esos brazos que se tensan cuando se horroriza al ver al ratón en la boca de Eva, y mientras la serpiente hace un esfuerzo para tragarlo ella lo invita "Anda, vete" y él ensaya nuevas caricias. Ella no lo rechaza, se siente responsable por ponerlo frente a sí y dejarle creer que ella le corresponde. Sonríe y le dice "No sigas, anda, vete de una vez" Y él la mira a los ojos y los ve enormes y verdes como un lago y esperanzándolo los convocan como otros ojos en una leyenda que leyó alguna vez. Él la mece en sus brazos y ella se lo permite, el habla pero no lo escucha, mira la cola del ratón desaparecer en la boca de Eva y lo aparta. Caraxo la mira y la espera y ella se siente obligada con el gato que la escruta con sus ojos verdes y sus pupilas verticales.
"No, no insistas más, no quiero, vete..."
El se descubre en falta y se siente tonto, pone su mejor cara de bueno, está bien, no es para tanto ni para ponerse así, y confundido y sonriendo se cuelga la campera del hombro y se despide con un último beso que es un fracaso...
Ella se baña ahora, está sola y se enjabona con detenimiento, disfruta de las caricias que se brinda con la presión y el tiempo que ella sabe que es el suyo, y que por algún motivo nadie descubre. Ella cierra la boca y se siente segura en su mutismo.
Desnuda atraviesa la sala y va hasta un libro de geografía de cuando era una adolescente, un libro que no guarda ninguna solución de continuidad con los otros, novelas y poesías y fantasías épicas que abren una puerta a otras realidades. Abre el libro y justo en medio del mapa de Asia central, con una división política que ya no se corresponde, hay un pliegue de papel que fue una hoja de cuaderno y dentro una flor que toma brevemente y mira, reseca y bien conservada, aplastada pero armada con todos los pétalos, un mensaje a este presente desde aquel pasado. Recordó sus sentimientos al guardarla allí y recordó como era esa flor entonces.
Caraxo se frota en sus piernas y la devuelve a este lugar en su vida y ella, atendiendo los ruegos del gato guarda la flor en el libro, lo cierra y lo devuelve a su lugar...
Tan desnuda de ropas como de ideas, recorre la distancia que la lleva a la cocina y llena el plato que dice Caraxo escrito con esmalte de uñas, de alimento balanceado para perros granulado y enriquecido con vitaminas, que el gato empieza a partir y tragar.
Ella no piensa en nada y así desnuda mira a la serpiente dormitando mientras digiere a su ratón... Se encuentra en el espejo y repite por milésima vez que sería mejor tener un poco menos de volumen en el pelo y un poco más de volumen en los senos. Se viste y recuesta. Pone un dedo en el labio inferior y aunque decide que aunque el cabello rizado no le gusta le queda muy bien, se envuelve la cabeza en otra toalla, gira, abraza a su almohada y se duerme.
Cuando se despierta, Caraxo duerme en el hueco de su brazo, el muy atrevido se acurrucó como un bebé a su lado para dormir, y ahora despierta con ella y se despereza estirándose y asomando las uñas y bosteza mostrando los dientes agudos y la lengua áspera y rosada estirada y curva. Y ante la mirada inquisidora de ella él desvía la suya y rodando sobre sí mismo expone el vientre no tan peludo y más claro al aire y espera. El sabandija sabe que ella se lo perdonará todo... Entonces tocan a la puerta y es el enamorado. Caraxo detecta un movimiento casi imperceptible en la caja de cristal y los ojos del gato se encuentran con los de la serpiente.



Ella se mira al espejo, piensa que el cabello rizado le queda bien aunque ahora lo quisiera lacio, se cepilla de apuro y se enfunda unos vaqueros y una camisa verde agua de mangas cortas. Va a necesitar cruzar los brazos desnudos frente a ella y ya sabe lo que dirá...
Catalina está sola y desnuda en el baño de su departamento y mantiene la cara contra la lluvia de la ducha para que no se le note ni una lágrima de las que no se permite aunque nadie la puede ver.
Después de expulsarlo al fin se encierra en el baño y no llora debajo de la ducha porque está segura que él tuvo un romance con Patricia ese día que salió de apuro y no intentó retenerla para el amor. Imagina a Patricia entrando en ese mismo baño y burlando el esfuerzo minucioso de Carlos por no dejar ningún rastro se llevó el conjunto de ropa interior que colgaba de la pared de ese mismo baño. Cuando volvió el conjunto de ropa interior que dejó secándose en el baño había desaparecido, el nuevo, el que ella había comprado cuando empezó a sospechar que él había vuelto a su primer amor y que había elegido para sellar con Carlos un pacto de hacer de cuenta que todo acababa de empezar de nuevo, que todo el amor era posible otra vez... Y eso que habló y habló con ella y la madre y con la bruja que hizo el trabajo para encontrarlos y separar a Patricia de ...... . Pero cuando volvió y descubrió que el conjunto no estaba y que no estaba en la casa y ....... dijo no saber dónde estaba ella supo que mentía. Las cosas no desaparecen solas de los departamentos de un quinto piso, alguien entró y se lo llevó y me lo estás ocultando y si me lo estás ocultando es porque es Patricia esa yegua puta reventada que te gusta a vos y que vino cuando no estaba y se lo llevó para dejarte en evidencia y vos la encubrís. ¿Quién más se lo pudo llevar? ¿A quien otra le va a interesar y a quien vas a encubrir? ¿Eh?
Y la pelea y los insultos y las cosas volando por el balcón, la ropa y los trofeos de ..... y el dolor.
Catalina llora dolida por la traición y por la negativa de ...... de aceptar su responsabilidad en el engaño y aún con los ojos nublados por el llanto alcanza a ver cómo la caña entra por la banderola del baño, engancha la bata que acababa de colgar y salía, banderola afuera a sumarse al botín del ladrón que desde el hueco del edificio se robaba sus cosas, como sus silencios y sus dudas, como se había robado el conjunto de ropa interior y la felicidad, entre otras cosas...".

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