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20050602

La encrucijada de la Unión Europea

En estos tiempos de globalización y mercado mundial, las perspectivas comienzan a parecer indicar una tendencia a la fragmentación: ayer, Holanda sumó su voto negativo a la Constitución Europea.
¿Significa esto que la Comunidad está cayendo? No necesariamente; como decimos más arriba, sólo indica una tendencia.
Es que las perspectivas no son claras: los europeos se debaten en una disyuntiva de hirro. Por una parte, gozan y disfrutan las evidentes ventajas de la unión económica, comercial y aduanera; por el otro, se sienten amenazados por la inminente inclusión en la Unión Europea de múltiples países semi y subdesarrollados que generará una agobiante carga para los presupuestos de los países europeos más desarrollados y, a no dudarlo, un duro golpe para los mercados laborales del Occidente europeo.
Ayer, el 61% de los holandeses se negó a ratificar la Constitución Europea propuesta, reflejo claro de la catastrófica denegatoria de anteayer por parte de los franceses.
La razón, tal como yo la veo, es que los pueblos de los países desarrollados de Europa temen que el ingreso de los nuevos y hambreados países del Este, junto con Turquía, inyecte en sus mercados laborales millones y millones de trabajadores calificados que depriman los niveles salariales de las naciones receptoras, y, ante la imposibilidad de endurecer las políticas migratorias intracomunitarias, prefieren comenzar a boicotear democráticamente los mecanismos de integración, en una conducta totalmente lógica y del todo lícita en el marco del gobierno de las mayorías.
Para ser claro: Turquía sola tiene más de 95 millones de habitantes, de los cuales un 60% está por debajo del límite de la pobreza, independientemente de su nivel de capacitación. ¿Qué impedirá a esos millones de turcos tomarse un tren y desembarcar en París o Hamburgo para buscar mejores horizontes? Otro ejemplo: desde el año pasado, más de 100 mil trabajadores especializados provenientes de los nuevos miembros de la Unión (países del Este) viajaron y se establecieron en países occidentales, especialmente Inglaterra (50.000) e Irlanda (10.000). Los restantes 40.000 se repartieron entre otros países.
Por otra parte, la Constitución Europea muestra aún rasgos de imperialismo y colonialismo: no se olvide que los ingleses proponen incluir en ella territorios conquistados por la fuerza a otros países, como por ejemplo las Islas Malvinas, que pertenecen a la Argentina. Los países europeos neutrales ven en ello potenciales fuentes de conflicto con terceros países, ya que si ese extremo se verifica, los perjudicados comenzarán a plantear sus reclamos contra Europa en su conjunto, y países como España, Grecia o Portugal, que no tienen nada que ver con el asunto, verán afectadas sus relaciones diplomáticas por cortocircuitos ajenos en los que ellos no tuvieron arte ni parte.
¿Cuál es el futuro de la Unión Europea en este contexto? Afortunadamente, los propulsores de la unión omnímoda están sujetos a los referendums de todos y cada uno de los países miembros. Dos de ellos (importantes ambos) ya han hablado. Ahora habrá que escuchar a los demás, porque ya se sabe que vox populi vox dei.

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