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20050628

Esto no es tenis

Esto no es tenis
por Juan Sasturain

Entre hoy y mañana, argentinos y brasileños nos enfrentaremos tres veces al fútbol. Hoy por el Mundial Sub-20 en Holanda, en semifinales, y mañana dos veces más: a la tarde, las selecciones mayores en la final de la Copa Confederaciones en Alemania, y a la noche, River contra San Pablo en el Monumental, por las semis –partido de vuelta– de la Copa Libertadores. ¿Se define el pleito al mejor de tres? Me parece que no.
Porque esto no es tenis; no son sets de un solo partido ni partidos de una Copa Davis. No es un enfrentamiento al mejor de tres, porque los partidos no pesan igual, sin duda. El que gane en Alemania se lleva todo: el título ocasional y la gloria. Al derrotado en la mayor le quedará la posibilidad de intentar hacer cuentas compensatorias apelando a méritos juveniles o buscar premios consuelo en turbias gestas libertadoras. Pero no alcanzará. Y si uno de los dos hace doblete en los partidos entre selecciones –enciéndete, Leonel; humille, Román...– no habrá ni límite en el goce ni consuelo en la caída.
Así son las cosas para nosotros con Brasil. Y así les pasa a ellos: somos, recíprocamente, la medida. Para ser y sentirse el mejor hay que ganarle al otro. Es decir: se puede perder con cualquiera –caso 0-5 con los iluminados colombianos, derrotas ante los elementales yanquis incluso– y no significará más que eso: la vergüenza ocasional, el famoso tropiezo. Con Brasil, en cambio, será siempre una Caída: lo que va de que te opaquen el prestigio a que te la den en el orgullo. Para no hablar de metáforas sexuales ineludibles en estos casos. Esa cualidad del enfrentamiento –poner en juego no sólo la autoestima sino la integridad, la identidad en suma– define a los clásicos. Y éste es, entre otros, el clásico futbolero más decantado y puro porque sólo somos (nos sentimos) los mejores cuando les ganamos a ellos.
Hay otros clásicos, claro. Uno es el más viejo, histórico y barrial, desafío de vereda a vereda, de orilla de enfrente, escupidas y revolcones entre iguales contra los uruguayos. Alguna vez significó otra cosa, cuando existía el adjetivo abstracto “rioplatense” para compartir tango y fútbol, soberbio aporte del Sur al patrimonio de la humanidad. Hoy volvió a su dimensión de cabotaje. Con los ingleses se juega (siempre) por otra cosa. Hay un infinito ajuste de cuentas para siempre abiertas –las de maestro y alumno, de Imperio y colonia– que se renueva cada vez en un continuum que entrevera banderas, patrias y partidos, Beresford y Liniers, Estudiantes y Manchester, Bobby Charlton y Rattin, Malvinas y Wembley. Con los ingleses no competimos sino que combatimos: hay que ganar, no está en cuestión ser mejor.
Del resto, con los tanos es una cuestión de confrontar estilos –su mezquindad contra la creatividad criolla– pero nunca los envidiaremos, no son medida; como los españoles, nuevos ricos confundidos. Con los alemanes, igual; hubo cruces de coyunturas finales pero no hay pica, como pasa con los holandeses: en el fondo, nada personal. El problema y la maravilla simultánea de lo que nos pasa con Brasil es que –a diferencia de cualquier otra comparación con adversarios varios– a éstos los admiramos. Nos gusta la buena técnica generalizada, la pegada con guantes, el estilo imperturbable. Disfrutamos y padecemos sus laterales veloces y encaradores, los armadores creativos, los malabaristas del medio para arriba, los goleadores sutiles o bestias contundentes. Además, ganaron cinco títulos del mundo. Y nosotros –que en el mano a mano solemos abrocharlos– no.
Por eso son y serán siempre el metafórico “enemigo a vencer” y algo de eso les pasa a ellos también. Les cuesta históricamente con nosotros. Nos respetan e incluso envidian ciertas cualidades no mensurables. Porque hemos sacado chapa universal de corajudos, de poner siempre y compensarcon entrega cuando las cosas –buenas cosas que intentamos– no salen. Ese sería nuestro plus. A otros les ganamos jugando, con la intangible receta de “la nuestra” actualizada. Con los brasucas, no suele alcanzar. “El jugador argentino quiere ganarle a Brasil”, dijo Sorin en tren de definiciones. Son la referencia. Por eso entre hoy y mañana volveremos a verificar cuál es nuestro lugar en el mundo.
Pero esto no es tenis. Hay que dejarla, ponerla en la red.

Publicado originalmente en Página/12 de hoy.

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