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20050420

Benedicto XVI según un poeta gallego

El poeta gallego (de Pontevedra) Fernando Luis Pérez Poza, opina con fuertes palabras sobre la elección del nuevo Papa Benedicto XVI.
Su texto, de fuerte contenido social, humano e ideológico, es tan extraordinario que hemos solicitado el permiso del autor para reproducirlo aquí.
Fernando Pérez nació en Pontevedra, España, en 1958. Ex seminarista, filósofo y poeta desde siempre, emparentado por sangre y convicción con grandes talentos poéticos gallegos, Pérez Poza ha publicado Los neurosábados (poemas y relatos), Camino de la luz, Poemas de la red y El laberinto de las letras (poesía) y El hombre que se cagó a sí mismo (cuentos).
Habemus papam ha circulado largamente en distintas listas literarias y de poesía en Internet.
La editorial de poesía de Pérez Poza publica varios libros por mes, y puede visitársela pinchando aquí.
HABEMUS PAPAM

Pobrecito. Al nuevo papa le obligaron a pertenecer a las juventudes hitlerianas durante una porrada de años. Le pusieron el cáliz ante la boca y no se atrevió a decir que no. Se lo bebió de un trago. Mientras tanto un montón de gente se dejaba la vida luchando en la Resistencia, a mi primo Luis Poza lo fusilaban y a mi abuelo lo salvaba del paseíllo frente a la tapia del cementerio la Divina Providencia o más bien la mano de un amigo descarriado en las mismas vetas ideológicas que Franco y que, por casualidad, formaba parte del pelotón de fusilamiento. Por esos muertos la iglesia no ha rezado. Es más: ni se ha molestado en hacerles un sencillo funeral. Había que ahorrar toda la pompa para aplicársela a santos milagrosos como Juan Pablo II. ¿Para qué dedicarle un pensamiento a los mártires de la libertad? De todos es sabido que los ateos, comunistas, anarquistas y toda esa cizaña, por su ideario -el cual les impide comprar parcelas de aire en un cielo inexistente- están excluidos de esa urbanización del más allá en la que vive Dios, y que la iglesia vende sin plano y sin derecho a reclamación.
Por el contrario, al nuevo pontífice, después de su experiencia nazi, lo nombraron cardenal y hasta lo hicieron doctor Honoris Causa por la Universidad de Navarra. Sangre de mártir debía correr por sus venas para haber sufrido el tormento de llevar las espinas de la cruz gamada en el antebrazo sin rechistar, haciendo mutis por el foro al dolor que le producía esa circunstancia. La Inquisición quemaba a las brujas y los nazis estofaban a los judíos en los hornos crematorios de los campos de concentración. Éste, ahora, sanciona a los teólogos y descomulga, que no excomulga, a los divorciados, condena a la pena capital del sida a todos los creyentes pecadores y observa con desprecio a todos esos muertos de hambre que no se preocupan de las verdades teologales. Será que Torquemada, ésta vez en versión alemana, cabalga de nuevo.
Entre funerales, ceremonias y tanto fasto la iglesia ha perdido definitivamente el norte y la elección de papa huele a una combinación de ultraderecha rancia y Opus Dei que tira para atrás. A mí me da la impresión de que el cónclave cardenalicio pilló una buena borrachera y en el climax del colocón se les ocurrió la luminosa idea de elegir a Ratzinger. Pero lo malo es que ahora tendremos todos que sufrir el cilicio de la resaca durante algunos años si el Espíritu Santo no tercia pronto en el asunto y se lo cepilla en un pis pas como al Juan Pablo I, que fue visto y no visto.
De todas formas, me parece que poco remedio hay para el precipicio que se está abriendo bajo la basílica de San Pedro. Se le están revocando todas las indulgencias plenarias que obtuvieron los ricos a cuenta de las aportaciones que daban para su construcción. Las iglesias rezuman oro mientras un ochenta por ciento de la humanidad vive en la más absoluta pobreza, un montón de gente la palma por no utilizar condón y no cabe duda que las mujeres seguirán agarrando el cirio del obispo sin posibilidad de ejercer una función más plenaria. ¡Qué se le va a hacer! En otro milenio será. ¡Ah, por cierto...! ¿Nadie se ha preguntado qué pasaría si a Jesucristo se le ocurriera resucitar de nuevo?
¿Quosque tamdem abutere Deus patientia nostra?

Abril 2005 - © Fernando Luis Pérez Poza
Pontevedra. España

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